SEÑORA DE FEROZ
Esta semana Neogéminis nos propone el siguiente desafío: dejarnos llevar por la improvisación y lanazar al viento las ideas con las que, con pericia, esperamos poder componer nuestro relato
Caperucita Roja, sentada cerca de
la chimenea, leía absorta aquel volumen amarillento y desvencijado. Había
encontrado el libro en la biblioteca de la gran ciudad, escondido entre los
cuentos y las enciclopedias. Su título le pareció bastante atrayente: Psicoanálisis
de los Cuentos de Hadas.
A ella le pareció una revelación
milagrosa. No andaba muy optimista y, a decir verdad, pensó que quizás en él
podría encontrar alguna solución a sus problemas conyugales.
Era temprano. El reloj del comedor,
un regalo de boda de Cenicienta y el Príncipe Azul, marcaba las once. Todavía
le quedaba una hora sólo para ella. A las doce en punto, los pequeños vendrían
de la escuela con un hambre feroz.
Seguía leyendo cuando, de
repente, su marido entró en la casa provocando un gran estruendo.
- ¿Dónde está el hacha, mujer? ¡No
la encuentro en nuestro cobertizo! – dijo con su fuerte y ronca voz.
- ¿Cómo quieres que lo sepa,
bobo? ¡Si no dejas entrar a nadie ahí! Tienes ese lugar cerrado a cal y canto. ¡Yo
ni asomarme! Cualquier día te veo mudándote a vivir a ese lúgubre trastero.
- ¡Qué animal eres K.! ¿De donde
sacas esas horrendas ideas?
Caperucita, o K. como la llamaba
cariñosamente su esposo, alzo los hombros y emitió un suave bufido
- ¡De tus extrañas acciones,
maridito! ¿Dónde has pasado las tres últimas noches, amor? Prefiero pensar que
en ese cuartucho polvoriento al que cuidas con tanto esmero- respondió
Caperucita con cierto retintín.
- No se puede hablar contigo
esposa. Todo son reproches-
Y antes que ella pudiera decir algo
más, él salió de la casa hecho una furia y dando un brutal portazo.
Caperucita, sonrió con amargura:
había oído que su marido tonteaba con jovencitos. Que si los tres cerditos
ahora, que si siete cabritillos después.
Suspiro. Mama le advirtió, de niña,
del peligro de los desconocidos en el bosque. Y ella … ¡cayo en las redes del más
villano de ellos!
Porque ¿Quién le mandaría a ella
fugarse con el lobo? ¡Si se comió a la abuelita! Pero ella, entonces, jovencita
y rebelde, no se percató. El lobo parecía un extraño tan atractivo y misterioso
que no se lo pensó dos veces y huyo con él.
De pronto, unos grititos y
carreras que provenían de fuera de la casa, la sobresaltaron. Lo había
olvidado. Llegaban los niños y era la hora de comer.
La Sra. De Feroz, con renovada
alegría, se dirigió a la puerta canturreando, dispuesta a dar un gran abrazo a
sus cinco lobitos.
El macho y su natural naturaleza innata e infiel. No tiene a su esposa contenta porque se está quedando impotente. Necesita un hacha para derribar la casita de madera del segundo cerdito. Sus soplidos ya no son lo que eran.
ResponderEliminarHermosa fábula, fabulista
Abrazosss amiga
Quizás tienes razón, Gabilante. Las cosas cambian y no todo el mundo se adapta a las novedades. Era un mundo
Eliminardemasiado moderno para un lobo viejo que prefería quedarse anclado en el pasado. En fin ...
Me encanta que te guste. Muchas gracias.
Besos
Magnifico tu renovado cuento de Caperucita vamos que me quedo con el tuyo al menos hay unos lobitos que son dignos de darles una oportunidad de amor y cariño., Me gusto,
ResponderEliminarUn besote y feliz fin de semana.
Muchas gracias, Campirela. Cualquier cuento es bueno si sacamos de él su enseñanza velada. En este caso, los pequeños lobitos son el fruto de darle la vuelta a la fabula. Pensé primero "¿por qué el lobo debe ser malo? y luego un "que pasaría si ..." . Y así mi colorin, colorado tuvo un final feliz (para mi)
EliminarUn abrazo y un beso grande
jaja, me ha encantdo ese cuento improvisado pero que mantiene la coherencia, y el sentido del humor.
ResponderEliminarBrillante. Un abrazo, amiga
Es muy agradable oir tus halagos, Albada. Estoy contenta por haberte hecho reir: es uno de los deportes más sanos y que menos se practica.
EliminarUn beso muy fuerte, amiga
Muy creativa esta versión del clásico cuento, coincido que bien puede interpretarse desde el punto de vista de sicología conyugal, jaja. Me alegra que te hayas sumado a esta convocatoria jueveras bastante improvisada. Un abrazo
ResponderEliminarGracias, Neogéminis. El tema era muy sugerente y "recontar" un cuento me pareció algo divertido.
EliminarSiempre que pueda, espero apuntarme a esto jueves tan especiales para mi.
Besos
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarHola, Blue Chance. Tu relato me encantó. ¡Es excelente!, tanto en su forma como en su contenido.
ResponderEliminarUn abrazo
Pd. Veo que te iniciaste hace poquito en el mundo de los blogs, al menos con este. Yo es la primera vez que te leo, me reincorporo ahora tras un tiempo con poco movimiento en este ámbito (y mucho en mi vida privada) Te enlacé. Un beso y hasta pronto.
Gracias, Myriam. Me halaga lo que me dices de mi relato. Intentaba ser original y con pinceladas de cierto humor sarcastico. No se si lo conseguí.
EliminarLo cierto es que el hecho de escribir algo y que le pueda gustar a otras personas es la meta de cualquier aprendiz de escritor. Y eso soy yo.
Un placer que te hayas enlazado. Nos vemos
Besos
Me ha encantado, Bluechance has hecho una improvisación preciosa, encantada de leerte.
ResponderEliminarHasta otra, te dejo un fuerte abrazo.
Y yo contenta de que te haya gustado, Dakota. Es lo mejor que me puede suceder: que le guste a un compañero de letras. Muchas gracias.
EliminarNos vemos
Besos
Es que nuestra Caperucita Roja no envejece nunca. Luego vienes tú, improvisas y la actualizas aún más, esta versión me encantó, enhorabuena.
ResponderEliminarUn beso.
Muchas gracias,Franconetti (y perdona el retraso en mi respuesta). Los cuentos son como los buenos vinos : a más añejo, mejor sabor suelen tener. Solo se me ocurrió darle un giro a un cuento que, de pequeña, me causaba pavor.
EliminarUn beso grande
Un placer haberte conocido y además con este original cuento, que me ha encantado. Desde luego todos los cuentos que nos contaron son para hacer n estudio psicológico de ellos.
ResponderEliminarMe quedo por aquí para ir leyéndote.
Besos
Un placer también para mi, el coincidir contigo. Gracias por tus palabras. Si, todos los cuentos pueden hacernos pensar que dicen más de lo que aparentemente lees. Si te gustan los cuentos y sientes curiosidad, hay un libro muy interesante "El Psicoanalisis de los Cuentos de Hadas" de Bruno Bettelheim.
EliminarNos vemos por estos lares.
Besos
Llego con retraso:
ResponderEliminarLa versión del cuento de Caperucita Roja tiene su encanto...Enhorabuena por el cuento y por la familia de lobeznos..
Un abrazo y feliz semana.
Jamás llega tarde una palabra amable. Muchas gracias por leer mi cuento, Berta. Me alegra que te haya gustado. Espero volverte a ver por aquí
EliminarBesos
Hay que ver cómo cambian los cuentos con el tiempo o sus personajes...
ResponderEliminarUn placer leerte
Abrazo
Y un placer que te agrade. El tiempo, en ocasiones, nos hace evolucionar, cambiar, buscar nuevas metas. ¿Por que no pueden hacerlo los personajes de los cuentos tradicionales?. Vivir es crecer. Y ahí lo tienes... un lobo no tan feroz y una caperucita rebelde.
EliminarUn beso